Mary Jane, merceditas: la historia detrás del modelo Emilia de Augusta
Pocos diseños de calzado han cruzado tantas décadas sin dejar de estar de moda. La Mary Jane —merceditas, en España— es uno de ellos. En Galerías Fetén tenemos la versión que hace Augusta the Brand de este clásico: el modelo Emilia, disponible en charol y en piel, hecho a mano en Elda, Alicante.
¿Por qué se llaman zapatos Mary Jane?
El nombre viene de una tira cómica estadounidense de 1902, Buster Brown, de Richard F. Outcault. Mary Jane era la compañera de aventuras del protagonista, y calzaba un zapato de puntera redonda con tira sobre el empeine. La Brown Shoe Company compró los derechos del personaje y bautizó el calzado con su nombre en 1904.

En los años veinte, las flappers añadieron algo de tacón al diseño original infantil y lo convirtieron en su calzado de baile favorito: la tira sobre el empeine evitaba que el zapato saliera volando durante el charlestón. Décadas después, en el Londres de los años sesenta, el modelo volvió a resurgir de la mano de la moda mod, con Twiggy como una de sus imágenes más reconocibles.
En España, el mismo tipo de zapato recibió un nombre propio: merceditas. La tradición cuenta que el término nació en 1878, en honor a la reina María de las Mercedes de Orleans, primera esposa de Alfonso XII, fallecida apenas meses después de su boda. Es una historia que se repite en la memoria popular española, aunque documentada más como leyenda que como hecho verificado con fuentes primarias.
Emilia: la interpretación de Augusta

Augusta the Brand nació en 2019 de la mano de las hermanas asturianas Paloma y Cristina Rato, con una idea clara: reinventar el clásico de las merceditas desde la producción controlada y el trabajo artesanal, alejadas de la lógica de temporadas cortas.
Emilia fue de sus primeras apuestas, y se convirtió en la pieza más reconocible de la marca casi de inmediato: en marzo de 2020, se agotó en dos meses. La construcción es sencilla y cuidada: exterior en piel de vaca o charol, plantilla de piel de cabra, tacón bajo de 2,5 centímetros, cierre de hebilla clásico. Cada par se fabrica a mano en Elda, en la tradición zapatera del Vinalopó.
Un clásico que no pide estación
La combinación de puntera cerrada y tacón mínimo hace que Emilia funcione en cualquier época del año. En las Rías Baixas, donde el tiempo cambia de un momento a otro, es un zapato que acompaña un vestido ligero en el Casco Vello de Vigo igual que un pantalón de lino en una tarde en Baiona o Nigrán.

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